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| EVANGELIZANDO | ||
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CHARLA INTRODUCTORIA Parece oportuno insertar aquí la charla que abría todo el Programa,
¿En qué pensamos a lo largo del día?... Siempre, en lo que llevamos en el corazón: la esposa adorada, el novio, los hijos... Siempre, en lo que nos preocupa: el negocio, la canasta familiar, la enfermedad... Siempre, en lo que nos ilusiona: la diversión, el deporte... El corazón está mandando en la cabeza. La cabeza se llena de lo que rebosa el corazón. ¿Y Dios? ¿Tiene Dios algún momento en nuestro recuerdo? Porque, si no lo tiene, habremos de decir que Dios está ausente del corazón. Y no es así. No debe ser así nunca. Esto lo decimos tanto a nivel individual como social. El ateísmo militante marxista ha caído de manera estrepitosa. Pero se nos está echando encima otro ateísmo quizá mucho peor: el ateísmo práctico, el del capitalismo y del bienestar, el que abandona a Dios porque Dios no interesa, ya que lo tenemos todo y no necesitamos de Dios. Hemos oído mil veces el grito célebre de García Moreno, el Presidente mártir de Ecuador, que muere en plena calle cosido a puñaladas: Nosotros, igual que el Presidente mártir, confesamos esto con nuestros labios y lo queremos confesar con nuestras vidas. Queremos que nuestra vida no se divorcie de nuestra fe. Que nuestro actuar no esté en contradicción con nuestro hablar. Si el ateísmo —como reconoció el Concilio— se debe en parte a la falta de consecuencia de muchos que se profesan creyentes, nosotros nos aprestamos a ofrecer al mundo el testimonio de nuestra fe vivida, para contribuir con todas nuestras fuerzas al progreso del Reino de Dios. Nos toca a nosotros vivir en un momento grandioso de la Historia. Estamos en la aurora de un nuevo amanecer. Somos los protagonistas de un futuro grande para el mundo. Pero, como somos personas de fe, nos repetimos con el salmo de la Biblia: Porque Dios está metido en la Historia. Es El quien maneja todos los hilos de la trama. Es siempre Dios quien nos guía, y, por caminos tortuosos tal vez, pero al fin consigue lo que Él pretende, que es nuestra salvación, con tal que nosotros le dejemos hacer y no le opongamos resistencia (Sal. 32, 10-I I) En los inicios del Tercer Milenio del Cristianismo, tenemos derecho a soñar más que nunca. Con nuestro Programa, queremos aportar un granito de arena al Reino de Dios. Nuestro trabajo, inspirado y sostenido por Dios, comienza en Dios como en su fuente, y tiende a Dios como a su fin. Dios, todo en todo el Programa, y todo también en todos ustedes, los radioyentes, ¡a quienes Dios bendiga!...
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